La disciplina a través del orden. La normalización como objetivo

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Por María del Coral Ruiz Argüelles

NOR­MAL­IZACIÓN

La nor­mal­ización debe ser el obje­tivo prin­ci­pal de la edu­cación, para ello es nece­sario pro­mover la con­cen­tración de la energía creadora que el niño posee en sus primeros años de vida en activi­dades ade­cuadas. Antes de ini­ciar cualquier tipo de enseñanza for­mal, el niño debe cono­cerse a sí mismo, ser con­sciente de sus habil­i­dades y medi­ante su activi­dad desar­rol­lar su carác­ter, vol­un­tad y capaci­dades int­elec­tuales. El ambi­ente debe ofre­cerle los ele­men­tos nece­sar­ios para que él pueda lograr este objetivo.

El mae­stro, con­sciente de esta forma difer­ente de pro­mover el desar­rollo, ya no enseñará sino que preparará los estí­mu­los de activi­dad ade­cua­dos para que el niño desar­rolle acti­va­mente las habil­i­dades nece­sarias para su vida, su actuar se dirige hacia el ambi­ente y no al niño direc­ta­mente. Su labor oculta y disc­reta pro­moverá el res­p­lan­dor del niño quien será el pro­tag­o­nista del pro­ceso educativo.

La Dra. Montes­sori afirma que el niño, antes de la “Nor­mal­ización”, “…es como un pedazo de papel arru­gado sobre el cual no se puede escribir ni dibu­jar; ‘algo’ lo debe desar­ru­gar y plan­char antes de enseñarle nada”1. “Lo que se ha de hacer es tratar de des­per­tar en el alma del niño el hom­bre que duerme todavía en él”2.

La impor­tan­cia de preparar el Ambi­ente para recibir al pequeño y cono­cer para sat­is­facer las necesi­dades humanas, es deter­mi­nante si quer­e­mos pro­mover su desar­rollo nat­ural y evi­tar los obstácu­los que pudieran desviarlo de su obje­tivo de for­mar al hombre.

“El carác­ter del niño cam­bia medi­ante una activi­dad tran­quila y con­struc­tiva que desar­rolle su inteligen­cia”3.

REQ­UI­SI­TOS DEL AMBI­ENTE PARA LA NORMALIZACIÓN

La única man­era de recu­perar al niño de las desvia­ciones de con­ducta para lle­varlo a la vía nat­ural de desar­rollo lla­mada Nor­mal­ización, es su activi­dad en el Ambi­ente Preparado Montes­sori; éste debe pro­mover la con­cen­tración de la energía infan­til en activi­dades reales del ambi­ente social. Para lograrlo, este Ambi­ente Preparado debe reunir cier­tos requisitos:

  • Estí­mu­los que intere­sen al niño: Las activi­dades que el Guía prepara en el Ambi­ente Montes­sori deben ser de interés para el niño, tanto desde el punto de vista social como motriz. Esto estí­mu­los deben dar sat­is­fac­ción a sus necesi­dades y ofre­cer al pequeño retos que lo man­ten­gan activo y superán­dose cada día. El interés es el motor de su actividad.
  • Activi­dades con obje­tivos especí­fi­cos: El obje­tivo pre­ciso de cada una de las activi­dades con­sti­tuye la guía para que el niño dirija su esfuerzo a la con­se­cu­ción del mismo. De esta man­era se evi­tan las dis­trac­ciones y se pro­mueve así la con­cen­tración de su atención.
  • Exac­ti­tud y pre­cisión en el ambi­ente: El niño pequeño mues­tra un espe­cial interés por el orden (Período Sen­si­tivo del Orden). La exac­ti­tud y pre­cisión en la eje­cu­ción de las activi­dades es un atrac­tivo que estim­ula la activi­dad del niño de man­era nat­ural. “La nor­mal­ización proviene de la con­cen­tración en un tra­bajo. A este fin es pre­ciso que en el ambi­ente exis­tan motivos aptos para provo­car esta aten­ción: que los obje­tos se util­i­cen según la final­i­dad para que fueron con­stru­i­dos, lo cual con­duce a un orden men­tal; y además que se util­i­cen exac­ta­mente lo cual con­duce a la coor­di­nación de los movimien­tos”4.
  • Pre­senta­ciones de los mate­ri­ales: La pre­sentación metic­u­losa de los mate­ri­ales con­sti­tuye un reto a la capaci­dad de obser­vación del niño y una guía para la eje­cu­ción pre­cisa de los mate­ri­ales. Asimismo, la obser­vación pasiva de ésta, le exige al niño un auto­con­trol extra­or­di­nario que crea una enorme expec­ta­tiva por la eje­cu­ción de la activi­dad y un impor­tante acer­camiento a la “normalización”.
  • Libre elec­ción de las activi­dades: Después de haber recibido la pre­sentación cor­re­spon­di­ente, el ambi­ente preparado ofrece al niño la posi­bil­i­dad de ele­gir las activi­dades que va a realizar. De esta man­era, la activi­dad se real­iza con más entu­si­asmo e interés pro­moviendo la con­cen­tración de la aten­ción y com­pro­me­tiendo al niño a ter­mi­nar la activi­dad seleccionada.
  • Auto­con­trol del error: Para evi­tar la inter­ven­ción innece­saria del adulto en la activi­dad del niño, las activi­dades del Ambi­ente Preparado deben ofre­cer al niño la posi­bil­i­dad de un con­trol del error que le per­mite reg­u­lar su actividad.
  • No cor­rec­ción inmedi­ata: El adulto debe evi­tar la cor­rec­ción inmedi­ata de los errores que comete el niño en su tra­bajo pues las inter­rup­ciones que estas oca­sio­nan trastor­nan ter­ri­ble­mente el desar­rollo infan­til, pues impi­den los perío­dos de con­cen­tración, indis­pens­ables en este crec­imiento del ser humano. El Guía ano­tará las fal­las obser­vadas y pos­te­ri­or­mente realizará las pre­senta­ciones nece­sarias. Inter­ferir cuando el niño está ocu­pado es inter­rum­pir su actividad.
  • No aban­dono: El niño requiere estí­mu­los con­stantes para su desar­rollo, por lo tanto, el Guía debe aten­der su interés cre­ciente y ofre­cer retos nuevos cuando los ante­ri­ores los ha super­ado. “Nues­tra meta es lib­erar la per­son­al­i­dad del niño a través de su propia activi­dad”5.
  • Respeto al tra­bajo infan­til: Los cic­los de activi­dad infan­til deben ser pro­te­gi­dos de inter­rup­ciones super­fluas. La repeti­ción de las activi­dades debe pro­mo­verse pues ofrece al niño la posi­bil­i­dad de per­fec­cionamiento y concentración.
  • Inde­pen­den­cia: La pre­sentación ade­cuada del uso del mate­r­ial y el ejer­ci­cio de la libre elec­ción per­miten al niño desar­rol­lar su carác­ter, su vol­un­tad, su capaci­dad de decidir y respon­s­abi­lizarse de sus activi­dades. “Cuando al niño se le da la lib­er­tad de desplazarse en un mundo de obje­tos, tiene la ten­den­cia nat­ural de realizar la tarea nece­saria para su desar­rollo total­mente por su cuenta”6.
  • Orga­ni­zación hor­i­zon­tal en las edades de los niños: La dis­tribu­ción hor­i­zon­tal que se hace con los niños de diver­sas edades en el Ambi­ente Montes­sori per­mite una relación social más autén­tica de colab­o­ración y ayuda entre los miem­bros del grupo con la con­se­cuente reduc­ción de las inter­ven­ciones innece­sarias de los adul­tos al per­mi­tir que los niños superen solos las situa­ciones que encuen­tren en el ambiente.

“Hasta ahora se creía que el apren­dizaje más efi­caz se pro­ducía cuando los mae­stros trans­mitían conocimien­tos al niño en forma directa, pero en real­i­dad el mejor mae­stro es el entorno”7.

“Esta es nues­tra mis­ión, man­tener vivo este fuego en el niño que han con­fi­ado a nue­stro cuidado, debe­mos mon­tar guardia con­tra los dos peli­gros que pueden extin­guir el fuego en el alma del niño. Podemos apa­garlo nosotros al con­ver­tirnos en obstácu­los en el camino del niño inter­rumpi­endo e inter­firiendo vol­un­tari­a­mente, o lo podemos extin­guir, sin saberlo, medi­ante la neg­li­gen­cia, al no ofre­cer mate­r­ial cuando el niño está listo para él”8.

CON­CLUSIÓN

El desar­rollo no es algo que se pueda enseñar, la labor educa­tiva debe reori­en­tarse y diri­gir su tra­bajo a la preparación de una ambi­ente que no sólo pro­mueva la con­cen­tración de las energías infan­tiles en activi­dades pre­cisas intere­santes sino que remueva los obstácu­los que imp­i­dan su concentración.

Los adul­tos, con­scientes del papel que desem­peñamos en el pro­ceso educa­tivo, debe­mos hacer un enorme esfuerzo por evi­tar inter­ven­ciones inútiles en la activi­dad infan­til, que por cos­tum­bre apare­cen casi de man­era automática en nues­tra relación con los pequeños.

Estu­diar, preparar el ambi­ente y hacer con­scientes estos errores con­sti­tuyen los primeros pasos para elim­i­nar con­duc­tas comunes incon­scientes como la susti­tu­ción de nues­tra per­son­al­i­dad a la del niño, las inter­rup­ciones al querer dar direc­ción o sug­eren­cias respecto a sus activi­dades, el juicio de sus resul­ta­dos o la cor­rec­ción inmedi­ata de sus errores, entre otras que obsta­c­ulizan su desar­rollo inte­gral, pues impi­den la con­cen­tración plena de su energía en una activi­dad real. Con­cen­tración de la cual emana la Nor­mal­ización que a su vez con­sti­tuye el fun­da­mento esen­cial del desar­rollo humano.

“La sociedad debe recono­cer la impor­tan­cia del niño como con­struc­tor de la humanidad”9.

Es nece­sario mostrar respeto a la nat­u­raleza, que es la que con­duce el desar­rollo del niño y recono­cer nues­tra labor de humildes colab­o­radores apren­di­endo con­tin­u­a­mente a asi­s­tir este pro­ceso en el que el pro­pio niño debe con­struir su per­son­al­i­dad a través de expe­ri­en­cias que le per­mi­tan cono­cerse y progresar.

“Cuando los indi­vid­uos se desar­rol­lan en forma nor­mal, sen­cil­la­mente sien­ten amor, no sólo por las cosas, sino tam­bién por todas las criat­uras vivientes. Ese amor no es algo que se haya enseñado, es el resul­tado nat­ural de tener una vida ade­cuada”10.

1María Montes­sori. Cre­ative Devel­op­ment in the Child. Vol. 2 Kalak­shetra Press. Madras, India. 1994. p.298

2María Montes­sori. Ped­a­gogía cien­tí­fica. Barcelona, España. Araluce, 1937. p.37

3Maria Montes­sori. Edu­cación y paz. Buenos Aires, Argentina. Errepar, 1988. p.94.

4Maria Montes­sori. La mente absorbente del niño. p. 258

5Maria Montes­sori. Cre­ative Devel­op­ment in the Child. Vol 1. p.258

6Maria Montes­sori. Edu­cación y Paz. p.92

7Maria Montes­sori. Edu­cación y Paz, p.96

8Maria Montes­sori. Cre­ative Devel­op­ment in the Child. Vol 1. p.278

9Maria Montes­sori. Edu­cación y Paz. p.66

10Maria Montes­sori. Edu­cación y Paz, p.97