El decál­ogo del Guía

  • El Guía será vín­culo dinámico entre el mate­r­ial y los niños, estable­ciendo una atmós­fera de calma y seguri­dad, pre­sen­tando los mate­ri­ales con exac­ti­tud, siendo él mismo un ejem­plo. Se desar­rol­larán así tanto el niño como el Guía.
  • Será cuidador escrupu­loso del ambi­ente man­tenién­dolo limpio, en orden, inmac­u­lado, reparando a tiempo lo que sea necesario.
  • Actúa basado en su con­fi­anza en la poten­cial­i­dad del niño, sabe que tarde o tem­prano cada niño mostrará su propia naturaleza.
  • Observa con­tin­u­a­mente para saber cuándo algún niño nece­sita apoyo y cuándo pro­te­ger de inter­fer­en­cias su concentración.
  • Conoce el mate­r­ial y sabe qué pre­sen­tar a cada niño en cada período de desarrollo.
  • Respeta y no inter­rumpe al niño tra­ba­jador; respeta y no cor­rige al que comete un error; respeta y observa al desocupado.
  • Per­mite que el niño actúe por él mismo, tomando en cuenta que “toda ayuda innece­saria que se da a un organ­ismo viviente impide su desarrollo”.
  • Sabe cuándo inter­venir y cuándo per­manecer al mar­gen. Si un niño man­i­fi­esta un com­por­tamiento inade­cuado no teme detenerlo.
  • Por for­mar parte del ambi­ente se viste de man­era ele­gante, atrac­tivo y sen­cillo; cuida sus sen­timien­tos y modales Es siem­pre pul­cro, cal­mado y sereno, estu­dia sus movimien­tos hacién­do­los tan suaves y gra­ciosos como le sea posible.
  • Es como el mate­r­ial mismo; una llave al mundo exte­rior, el niño siente su pres­en­cia, su amor, su apoyo. Cuida de no abru­marlo con un amor arti­fi­cial, por el con­trario, le brindará un amor que implica respeto, respon­s­abil­i­dad, conocimiento y compromiso.

SU MEJOR ÉXITO COMO GUÍA SERÁ PODER DECIR ALGÚN DÍA QUE LOS NIÑOS TRA­BA­JAN COMO SI ÉL NO ESTU­VIERA.

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